jueves, 12 de junio de 2014

OBRA PUBLICADA: PROSA







Apuntes numantinos. Editorial Renacimiento, 1998
ISBN 84-89371-27-X




 

M U N C H


Y,  una vez más, me digo: el grito es la máxima expresión de libertad. Es el origen, la afirmación o la negación sin causa, en lo más alto; no es un acto de desesperación, es un acto de desposesión radical, de olvido.
Olvido social y olvido individual, pues la conciencia concentra en sí toda la energía negativa del mundo y al proyectarla hacia fuera es un cuerpo que se disuelve en aire, en materia , en una fuga que deja atrás el otro cuerpo como un residuo. como una extrañeza. Nadie puede apropiarse del grito , no es rechazable porque irrumpa groseramente en la esfera pública, por·ser una intromisión de lo privado. no se vive como excepción, se rechaza porque resulta incomprensible, irreductible e irremplazable. El carácter único del grito lo hace detestable, debe ser apartado de la vista, recuerda en cierto sentido a la muerte, debe ser enterrado, olvidado, reducida a normalidad su violencia. Todos los estados de plenitud van acompañados del grito, es la búsqueda del más allá, la voluntad de durar sin propósito, sin esperar nada a cambio. Disueltos, ofrecidos en el altar del grito, somos la máxima generosidad pensable. Los enemigos de la duración -los comerciantes, los políticos, los ideólogos -deben protegerse contra el grito, tenderle trampas, aplicarle la camisa de fuerza del lenguaje. Reducido a palabras, el grito resulta  inofensivo, puede ser manipulado por otras palabras, reducido a circunstancias, justificado excepcionalmente.








1 comentario:

  1. Magníficos Munch y Miguel Mas. Ambos, imprescriptibles.

    ResponderEliminar