miércoles, 9 de julio de 2014

Calle de Viena, 1930
























                                                                      Dedicado a Juan José Romero Cortés






LA calle se encuentra detenida entre la sombra,
pero abandonada a sí la luz se multiplica
y crece como un lejano recuerdo de luz
que se nutre y sobrevive de aire solamente.

¿Amanece? Por respirar el polvo de sol
permanecen abiertos postigos y ventanas,
al fondo la torre de una iglesia se deshace
y el cálido vacío se ensancha cuanto puede.

Desde la perspectiva inexacta de esta calle
el mundo sin brillo se resume en un escorzo,
en un irrelevante deseo de ser mundo
sin principio ni final ni nada perdurable:

una tienda de tabaco, unas farolas colgando
del fulgor tan sereno de un cielo que no existe.
Sólo son un lejano simulacro de vida,
fragmentos que ingenuamente dicen una historia

nacida en el cuerpo de un tiempo que no existe.
¿Aún amanece? Nadie sabe si es la noche
lo que asoma detrás del primer golpe de sombra.
Un carro tirado por un caballo de carga,

una figura que observa a quien está observando
como si entre uno y otro no hubiese diferencias,
representaciones cotidianas de una muerte
cuya obscenidad la hace del todo irrelevante:

tosca como una obra cuyo final se aplaza,
la deriva cierta de los años, las ausencias,
aunque por su cercanía asombre y humanice
y momentáneamente desoriente la mirada.

Tampoco ha de ser severo anuncio de la noche
la silueta solitaria que asoma de frente,
ineludible como nota dada a destiempo,
aún demasiado inexacta para ser real

y demasiado irreal para ser verdadera,
como es verdad sólo lo que un día ha existido,
algún rostro próximo, las sonrisas, los gestos,
una pared con sol en una habitación vacía.


¿Se diría que amanece? Nada lo asegura.
La mujer no es mas que un hueco en medio de la calle,
una figura menor, un accidente mínimo.
Parece que aguarde, que no quiera molestar.

Y sin embargo, su única presencia basta
para dar luminosa unidad a todo el cuadro,
difícil olvidarla en su secreta espesura,
imposible recordarla, pues no ha existido.



                                               (Inédito)